Vida y hechos del famoso caballero Don Catrin de la Fachenda
Vida y hechos del famoso caballero Don Catrin de la Fachenda Inmediatamente me fui al Parián y compré dos camisas de coco, un frac muy razonable y todo lo necesario para el adorno de mi persona, sin olvidárseme el reloj, la varita, el tocador, los peines, la pomada, el anteojo y los guantes, pues todo esto hace gran falta a los caballeros de mi clase. Le di una galita a un corredor para que me los llevara a casa; y en la tarde me vestí, peiné y perfumé como debía, y con quince pesos que me sobraron, salí para la calle. Entré a tomar café, y el primero a quien encontré fue a Simplicio que, admirado de mi repentina decencia, no solamente no me reconvino sobre lo pasado, sino que con mucho agrado me preguntó cuál había sido el origen de mi felicidad.
—Se ha ganado el pleito de mi hermana —le contesté bastante serio.
—¿De tu hermana?
—Sí señor, de mi hermana, de aquella mujer infeliz que tuvo la desgracia de haberte amado...
—Pero si Sagaz...
—Sí, Sagaz es un gran pícaro; se vio despreciado de ella y se vengó llenando tu cabeza de chismes... No hablemos más de esto, que me electrizo.
Entonces Simplicio me dio mil satisfacciones, me preguntó dónde vivía, y yo le dije que en su hacienda mientras se disponían sus bodas.