La comedia nueva
La comedia nueva DON HERMÓGENES.—Distingo. Poco, absolutamente hablando, niego; respectivamente, concedo; porque nada hay que sea poco ni mucho per se, sino respectivamente. Y así, si los tres ejemplares vendidos constituyen una cantidad tercia con relación a nueve, y bajo este respecto los dichos tres ejemplares se llaman poco, también estos mismos tres ejemplares relativamente a uno componen una triplicada cantidad, a la cual podemos llamar mucho por la diferencia que va de uno a tres. De donde concluyo: que no es poco lo que se ha vendido y que es falta de ilustración sostener lo contrario.
DOÑA AGUSTINA.—Dice bien, muy bien.
DON SERAPIO.—¡Qué! ¡Si en poniéndose a hablar este hombre!…
DOÑA MARIQUITA.—Pues en poniéndose a hablar probará que lo blanco es verde, y que dos y dos son veinte y cinco. Yo no entiendo tal modo de sacar cuentas… Pero al cabo y al fin, las tres comedias que se han vendido hasta ahora, ¿serán más que tres?
DON ELEUTERIO.—Es verdad; y en suma, todo el importe no pasará de seis reales.
DOÑA MARIQUITA.—Pues, seis reales, cuando esperábamos montes de oro con la tal impresión. Ya voy yo viendo que si mi boda no se ha de hacer hasta que todos esos papelotes se despachen, me llevarán con palma a la sepultura. (Llorando). ¡Pobrecita de mí!