A este lado del paraiso
A este lado del paraiso —Tal era, a grandes rasgos, la idea de Tennyson —volvió la voz del profesor—. El canto del tiempo del orden de Swinburne podÃa haber servido muy bien como tÃtulo de Tennyson. Porque idealizó el orden contra el caos, contra la desolación.
Por fin encontró Amory la rima. Cogió otra hoja y durante los veinte minutos que quedaban de clase escribió con decisión. Luego se acercó al estrado y depositó en la mesa del profesor la hoja arrancada de su cuaderno.
—Aquà tiene un poema dedicado a los Victorianos, señor —dijo con frialdad.
El profesor lo cogió con curiosidad mientras Amory se dirigÃa a la puerta. He aquà lo que habÃa escrito:
Cantos del tiempo del orden
que nos dejaste cantar,
pruebas del tercio excluido,
respuestas rimadas de vida,
llaves del carcelero
y campanas a tocar,
el tiempo es el fin del enigma,
del tiempo somos el fin.
Aquà habÃa un mar casero
y un cielo que se podÃa alcanzar,
cañones y una frontera
sin guantes con qué retar.