A este lado del paraiso
A este lado del paraiso —¿Quién demonio hay en Ramilly County —preguntó Amory en alta voz— que recite Verlaine con una melodÃa tan inapropiada a un pajar empapado?
—¡Hay alguien ahÃ! —gritó la voz, no alarmada—. ¿Quién es? ¿Manfred, San Cristóbal o la reina Victoria?
—¡Yo soy Don Juan! —gritó Amory en un impulso, alzando la voz por encima del rugido de la lluvia y del viento.
Una divertida exclamación llegó desde el pajar.
—Ya sé quién eres: eres ese chico rubio al que le gusta Ulalume. Te he reconocido por la voz.
—¿Cómo puedo subir a esas alturas? —gritó al pie del pajar, completamente empapado. Una cabeza apareció sobre la cumbre; estaba tan oscuro que Amory sólo pudo distinguir una mancha de pelo mojado y dos ojos que brillaban como los de un gato.
—Echa a correr desde un poco más atrás —dijo la voz—; salta y yo te cogeré la mano. No, ahà no; por el otro lado.
Siguiendo sus instrucciones saltó por encima del montón hundiendo su rodilla en la paja hasta que una mano blanca le agarró y le ayudó a encaramarse.
—Ya estás aquÃ, Juan —dijo la del pelo mojado—. ¿Te importa que te apee del Don?
—¡Tienes el pulgar igual al mÃo! —exclamó él.