A este lado del paraiso
A este lado del paraiso —SÃ, es ondulado. Pero no sé de qué color es —respondió ella, divertida—. Me lo han preguntado tantos hombres… Es normal, supongo. Nadie se fija en mi cabello. Tengo los ojos bonitos, ¿no? No me importa lo que digas, tengo los ojos bonitos.
—Responde a mi pregunta, Madeline.
—No la recuerdo; y además mi nombre no es Madeline, es Eleanor.
—DebÃa haberlo supuesto. Te sienta bien Eleanor; tienes aire de Eleanor. Ya sabes lo que quiero decir.
Hubo un silencio mientras escuchaban la lluvia.
—Se me está metiendo por el cuello, amigo lunático —dijo ella finalmente.
—Responde a mis preguntas.
—Bien, mi nombre es Savage, Eleanor; vivo en una casa vieja y grande a una milla de aquÃ; con un pariente próximo que debe ser avisado, mi abuelo —Ramilly Savage—; altura, un metro sesenta y cinco; número del reloj, 3077 W; nariz aquilina y delicada; temperamento enigmático…
—Y a mà —interrumpió Amory— ¿dónde me viste?