El Gran Gatsby
El Gran Gatsby La modestia de la petición me desconcertó. HabÃa esperado cinco años y habÃa comprado una mansión donde repartÃa luz de estrellas entre polillas que acudÃan al azar, sólo para poder «presentarse» una tarde en el jardÃn de un extraño.
—¿Y tenÃa yo que saber toda la historia antes de que me pidiera algo tan insignificante?
—Está asustado. Ha esperado mucho tiempo. Pensaba que podÃas molestarte. En el fondo, ya ves, no es tan duro como parece.
Algo me preocupaba.
—¿Por qué no te pide que le prepares una cita?
—Quiere que Daisy vea su casa —me explicó—. Y tu casa está al lado.
—¡Ah!