El Gran Gatsby
El Gran Gatsby —No tiene que enterarse. Gatsby no quiere que sepa nada. Sólo tienes que invitarla a tomar el té.
Dejamos atrás una barrera de árboles en penumbra y las fachadas de la calle Cincuenta y nueve, una franja de luz débil y pálida, brillaron sobre el parque. A diferencia de Gatsby y Tom Buchanan, yo no tenÃa una chica cuyos rasgos incorpóreos flotaran en las cornisas oscuras y los cegadores anuncios luminosos, asà que atraje hacia mà a la chica que tenÃa al lado, estrechándola entre mis brazos. Su boca desdeñosa, triste, sonrió, asà que la atraje más, hacia mi cara esta vez.