El Gran Gatsby
El Gran Gatsby —No le ha gustado nada —dijo inmediatamente.
—Claro que le ha gustado.
—No le ha gustado nada —insistió—. No se lo ha pasado bien.
Calló, y me imaginé su desaliento indecible.
—Me siento muy lejos de ella —dijo—. Es difÃcil hacérselo entender.
—¿Te refieres al baile?
—¿El baile? —liquidó todos los bailes que habÃa organizado con un chasquido de dedos—. Compañero, el baile no tiene importancia.
QuerÃa, nada menos, que Daisy fuera a Tom y le dijera: «Nunca te he querido». Cuando ella hubiera borrado cuatro años con esa frase, decidirÃan las medidas más prácticas que debÃan tomar. Una era que, en cuanto Daisy fuera libre, volverÃan a Louisville y se casarÃan, saliendo de la casa de la novia, tal como si fuera cinco años antes.
—Y ella no lo entiende —dijo Gatsby—. Antes lo entendÃa todo. Pasábamos horas y horas…
Se interrumpió y empezó a pasear, arriba y abajo, por un sendero desolado de cáscaras de fruta, favores negados y flores aplastadas.
—Yo no le pedirÃa demasiado —me atrevà a decirle—. No podemos repetir el pasado.
—¿No podemos repetir el pasado? —exclamó, incrédulo—. ¡Claro que podemos!