El Gran Gatsby
El Gran Gatsby Miró a todas partes, frenético, como si el pasado se escondiera entre las sombras de la casa, casi al alcance de la mano.
—Voy a devolver cada cosa a su sitio, tal como estaba antes —dijo, y asintió con la cabeza, muy decidido—. Daisy lo verá.
Habló mucho del pasado, y llegué a la conclusión de que querÃa recuperar algo, cierta idea de sà mismo, quizá, que dependÃa de su amor a Daisy. HabÃa llevado desde entonces una vida confusa y desordenada, pero si podÃa volver al punto de partida y revisarlo todo despacio, descubrirÃa qué era lo que buscaba.
… Una noche de otoño, cinco años antes, paseaban por la calle, y caÃan las hojas, y llegaron a un sitio donde no habÃa árboles y la acera era blanca a la luz de la luna. Se pararon allà y se miraron. Ya hacÃa frÃo y la noche tenÃa esa emoción misteriosa que se siente en los cambios de estación. Las luces silenciosas de las casas vibraban en la oscuridad y habÃa un temblor, una agitación entre las estrellas. De reojo vio Gatsby que los adoquines de la acera formaban un camino que se elevaba hasta un lugar secreto, más allá de las copas de los árboles. Si subÃa solo, lo subirÃa, y una vez arriba podrÃa mamar de la ubre de la vida, tragar la leche incomparable de la maravilla.