El Gran Gatsby
El Gran Gatsby —¡Mister Gatsby! —Le tendió la mano, ancha y abierta, con fastidio bien disimulado—. Me alegro de verlo… Nick…
—Prepáranos algo frÃo para beber —ordenó Daisy.
Se levantó cuando Tom salió de la habitación, se acercó a Gatsby, le hizo inclinar la cabeza y lo besó en la boca.
—Sabes que te quiero —murmuró.
—Olvidas que hay una señora presente —dijo Jordan.
Daisy miró a su alrededor, dubitativa.
—Besa tú a Nick.
—¡Qué chica tan grosera y tan vulgar!
—¡No me importa! —gritó Daisy y se puso a bailotear sobre los ladrillos de la chimenea. Luego se acordó del calor y se sentó en el sofá con aire de culpa en el instante en que una niñera muy limpia y recién planchada entró en la habitación con una niña.
—¡Ben-di-ta pre-cio-si-dad! —tarareó Daisy, tendiéndole los brazos—. Ven con tu madre que te adora.
La niña, libre de la niñera, atravesó corriendo la habitación y se cogió tÃmidamente del vestido de su madre.