El Gran Gatsby
El Gran Gatsby —¡Mi bendita preciosidad! ¿Te ha llenado mamá de polvos tu precioso pelo rubio? Ponte derecha y di: ¿Cómo estáis?
Gatsby y yo nos inclinamos a coger la mano pequeñÃsima y reacia. Después Gatsby siguió mirando a la niña con sorpresa. Pienso que hasta entonces no habÃa creÃdo de verdad en su existencia.
—Me he vestido para la comida —dijo la niña, volviéndose hacia Daisy con impaciencia.
—Porque tu madre querÃa presumir de ti. —La cara de Daisy se acercó a la única arruga del pequeño cuello blanco—. Eres un sueño, eres un sueño muy pequeño.
—Sà —admitió la niña, tranquila—. También la tÃa Jordan lleva un vestido blanco.
—¿Qué te parecen los amigos de mamá? —Daisy le dio la vuelta para que mirara a Gatsby—. ¿Crees que son guapos?
—¿Dónde está papá?
—No se parece a su padre —explicó Daisy—. Se parece a mÃ. Tiene mi pelo y la forma de mi cara.
Daisy se retrepó en el sofá. La niñera dio un paso y tendió la mano hacia la niña.
—Vamos, Pammy.
—¡Adiós, tesoro!