El Gran Gatsby
El Gran Gatsby —Adelante. No te molestará. Creo que se ha dado cuenta de que su flirteo ridÃculo y presuntuoso se ha acabado.
Se fueron, sin una palabra, excluidos, convertidos en algo insignificante, aislados, como fantasmas, al margen, incluso, de nuestra piedad.
Unos minutos después Tom se levantó y empezó a envolver en la toalla la botella de whisky sin abrir.
—¿Queréis un trago? ¿Jordan? ¿Nick?
No contesté.
—¿Nick? —me preguntó otra vez.
—¿Qué?
—¿Quieres?
—No. Acabo de acordarme de que hoy es mi cumpleaños.
CumplÃa treinta. Ante mà se extendÃa el camino portentoso y amenazador de una nueva década.