El Gran Gatsby
El Gran Gatsby —Eso me pareció, y se lo dije a Daisy. Era mejor que recibiera la impresión de golpe. Lo soportó muy bien.
Hablaba como si la reacción de Daisy fuera lo único importante.
—Fui a West Egg por una carretera secundaria —continuó— y dejé el coche en mi garaje. Creo que no nos vio nadie, pero, claro, no estoy seguro.
Había llegado a resultarme tan desagradable que no consideré necesario decirle que se equivocaba.
—¿Quién era la mujer? —preguntó.
—Se llamaba Wilson. Su marido es el dueño del garaje. ¿Cómo diablos ha sido?
—Intenté girar el volante… —dejó de hablar y de repente adiviné la verdad.
—¿Conducía Daisy?