El Gran Gatsby
El Gran Gatsby —Sà —dijo al cabo de unos segundos—, pero diré que fui yo, por supuesto. Ya sabes, cuando salimos de Nueva York estaba muy nerviosa y pensó que conducir la tranquilizarÃa… Y esa mujer apareció corriendo en el momento en que nos cruzábamos con un coche que venÃa en dirección contraria. Todo sucedió en un instante, pero creo que la mujer querÃa decirnos algo, que nos confundÃa con algún conocido. Bueno, Daisy giró primero hacia el otro coche para esquivar a la mujer, pero entonces perdió los nervios y volvió a girar. En el momento en que mi mano alcanzaba el volante, sentà el impacto. Debió de matarla en el acto.
—La destrozó.
—No me lo cuentes, compañero. —Hizo un gesto de dolor—. Bueno, Daisy aceleró. Traté de hacer que parara, pero ella no podÃa, asà que tiré del freno de mano. Entonces se echó entre mis brazos y ya seguà conduciendo yo. Mañana estará bien —añadió enseguida—. Voy a esperar aquà por si trata de molestarla por lo que ha pasado esta tarde, tan desagradable. Se ha encerrado con llave en su habitación y, si él intenta alguna brutalidad, encenderá y apagará la luz varias veces.
—Tom no la tocará —dije—. No piensa en ella.
—No me fÃo de él, compañero.
—¿Cuánto tiempo vas a esperar?