El Gran Gatsby
El Gran Gatsby —¿Por qué velas? —protestó Daisy, frunciendo las cejas. Las apagó con los dedos—. El dÃa más largo del año será dentro de dos semanas. —Nos miró radiante—. ¿No os pasáis el año esperando la llegada del dÃa más largo y luego, cuando llega, ni os dais cuenta? Yo me paso el año esperando la llegada del dÃa más largo y cuando llega ni me doy cuenta.
—Tenemos que planear algo —bostezó miss Baker, sentándose a la mesa como si se metiera en la cama.
—Estupendo —dijo Daisy—. ¿Qué podemos planear? —Se volvió hacia mÃ, insegura—. ¿Qué planea la gente?
Antes de que pudiera contestarle, se quedó mirándose el dedo meñique con expresión de espanto.
—¡Mira! —se quejó—; me he hecho daño.
Todos miramos. TenÃa un cardenal en el nudillo.
—Has sido tú, Tom —dijo, acusando a su marido—. Sé que ha sido sin querer, pero has sido tú. Eso me pasa por haberme casado con un bruto, con una mole, con un grandÃsimo, inconmensurable ejemplar de…
—No soporto la palabra mole —dijo Tom, molesto—, ni de broma.
—Una mole —insistió Daisy.