El Gran Gatsby
El Gran Gatsby En un momento de respiro en la fiesta el hombre me miró y sonrió.
—Su cara me resulta familiar —dijo, muy educado—. ¿No estuvo en la Tercera División durante la guerra?
—SÃ, sÃ. Estuve en el Veintiocho de InfanterÃa.
—Yo estuve en el Dieciséis hasta junio del año 18. SabÃa que te habÃa visto en alguna parte.
Charlamos un rato de las aldeas húmedas y grises de Francia. Evidentemente vivÃa en el vecindario, porque me dijo que acababa de comprarse un hidroplano y que iba a probarlo por la mañana.
—¿Vienes conmigo, compañero? Sólo en la orilla, por el estrecho.
—¿A qué hora?
—A la que prefieras.
Iba a preguntarle su nombre, tenÃa la pregunta en la punta de la lengua, cuando Jordan miró a su alrededor y sonrió.
—¿Te lo pasas bien por fin?
—Mucho mejor. —Me volvà otra vez a mi nuevo amigo—. Esta fiesta me parece rarÃsima. Ni siquiera he visto al anfitrión. Yo vivo ahà —movà la mano hacia el seto, invisible en la distancia—, y ese Gatsby me mandó una invitación con el chófer.
Me miró un momento como si no me entendiera.