Hermosos y malditos
Hermosos y malditos Aquello resultaba suficientemente convencional. Gloria parecÃa hablar porque disfrutaba haciéndolo, sin esfuerzo alguno. Anthony, sentado en un extremo del sofá, examinó su perfil sobre el fondo que proporcionaba la lámpara: la exquisita regularidad de la nariz y del labio superior, la barbilla delicadamente proporcionada, en perfecto equilibrio sobre un cuello más bien corto. En fotografÃa debÃa de resultar totalmente clásica, casi frÃa… pero el resplandor de sus cabellos y sus mejillas, frágiles y encendidas al mismo tiempo, hacÃan de ella la persona más viva que Anthony habÃa visto nunca.
—… Creo que tienes el mejor nombre de todos los que conozco —estaba diciendo y, al parecer, seguÃa hablando consigo misma; su mirada se posó un instante sobre él y luego siguió adelante, deteniéndose en las lámparas de brazo de estilo italiano que colgaban a intervalos de las paredes como luminosas tortugas amarillas, en las hileras de libros, y finalmente en su primo, situado al otro extremo—. Anthony Patch. Pero deberÃas tener cierto aspecto de caballo, con una cara muy larga y estrecha… e ir vestido con harapos.
—Esa es la parte que corresponde a Patch. ¿Cuál serÃa el aspecto de Anthony?