Hermosos y malditos
Hermosos y malditos —Tienes pinta de Anthony —le aseguró ella con gran seriedad; a él le parecÃa que Gloria apenas le habÃa visto—; bastante majestuoso —continuó—, y solemne.
Anthony se permitió una sonrisa de desconcierto.
—Solo que a mà me gustan los nombres aliterados —continuó Gloria—, todos menos el mÃo, que es demasiado llamativo. ConocÃa a dos chicas que se llamaban Jinks, e imagÃnate lo que hubiera sido si no llegan a llamarse como se llaman: Judy Jinks y Jerry Jinks. Bonito, ¿verdad? ¿No te parece? —Su boca infantil quedó entreabierta, esperando una respuesta.
—En la próxima generación —sugirió Dick—, todo el mundo se llamará Peter o Barbara, porque en el momento actual todos los personajes literarios atractivos se llaman asÃ.
Anthony continuó la profecÃa:
—Por supuesto, Gladys y Eleanor, después de haber adornado la anterior cosecha de heroÃnas y de encontrarse ahora ocupando los mejores puestos de la sociedad, serán relegadas a la próxima generación de dependientas…
—Desplazando a Ella y Stella —interrumpió Dick.
—Y a Pearl y Jewel —añadió Gloria cordialmente—, y a Earl, Elmer y Minnie.