Hermosos y malditos
Hermosos y malditos —¿No lo entiendes, Anthony? — explicó Dick—, viajera de fama nacional y todo eso. ¿No es lo que tú habÃas oÃdo? Hace años que se lo llaman… desde que tenÃa diecisiete.
Los ojos de Anthony se entristecieron burlonamente.
—¿Quién es este Matusalén femenino que me has traÃdo, Caramel?
Gloria ignoró aquel comentario, y hasta es posible que más bien le molestara porque volvió inmediatamente al anterior tema de conversación.
—¿Qué es lo que has oÃdo acerca de mÃ?
—Algo acerca de tu fÃsico.
—Ah —dijo ella, con tranquila desilusión—, ¿nada más?
—Tu bronceado.
—¿Mi bronceado?
Estaba sorprendida. Se llevó la mano a la garganta y la mantuvo allà un instante, como si sus dedos estuvieran apreciando variaciones de color.
—¿Note acuerdas de Maury Noble? Un sujeto que conociste hace cosa de un mes. Le causaste una gran impresión.
Gloria estuvo pensando un momento.
—SÃ, ya recuerdo… pero no vino a verme después.
—Le dio miedo, estoy seguro.