Hermosos y malditos
Hermosos y malditos Había estado viviendo en un establecimiento del YMCA en el centro de la ciudad, pero cuando abandonó la tarea de redimir a los irredimibles, se trasladó a la parte alta de Nueva York y entró a trabajar inmediatamente como reportero del Sun. Se dedicó a esto durante un año, escribiendo de manera esporádica en los ratos libres, con muy poco éxito, hasta que cierto día un desafortunado incidente concluyó con brusquedad su carrera periodística. Una tarde de febrero se le asignó la confección de un reportaje sobre el desfile del Escuadrón A de la policía municipal. Ante la amenaza de una tormenta de nieve, Richard optó por dormirse delante de un buen fuego, y cuando despertó produjo una columna muy bien escrita sobre el apagado resonar de los cascos de los caballos sobre la nieve… y procedió a entregarla en el periódico. A la mañana siguiente, al director de la sección municipal le llegó un ejemplar del diario con el artículo de Caramel encuadrado en rojo y una breve nota explicatoria: «Despida a la persona que escribió esto». Al parecer, el Escuadrón A también se había percatado de que amenazaba nieve, y optado por posponer el desfile hasta otro día.
Una semana después Richard empezó El amante demoníaco…