Hermosos y malditos
Hermosos y malditos —¿Qué tal está usted? —dice miss Jerryl tÃmidamente.
Richard Caramel trata de moverse por la habitación como si su figura fuese mejor de lo que es. Se encuentra dividido entre su innata cordialidad y el hecho de que considera bastante vulgares a estas chicas… muy lejos del tipo Farmover, el centro de enseñanza donde habÃa estudiado su prima.
Gloria ha desaparecido en el dormitorio.
—Haced el favor de sentaros —sonrÃe amablemente mistress Gilbert, que ya se ha recuperado por completo—. Quitaos los abrigos.
Dick teme que su tÃa haga algún comentario sobre la edad de su alma, pero olvida sus aprensiones mientras realiza un examen concienzudo, como corresponde a un novelista, de ambas jóvenes.