Hermosos y malditos
Hermosos y malditos —¿Está usted emparentado con Adam J. Patch? —le preguntó a Anthony, mientras lanzaba dos finas columnas de humo por unas ventanas de nariz demasiado anchas.
Anthony lo admitió con la sombra de una sonrisa.
—Es un hombre excelente —anunció Bloeckman con gran reverencia—. Todo un americano.
—Sà —asintió Anthony—; no hay duda de que lo es.
«Detesto a estos hombres poco hechos —pensó frÃamente— con aire de no haber cocido lo bastante. HabrÃa que meterlos otra vez en el horno; un minuto más serÃa suficiente».
Bloeckman miró de soslayo su reloj.
—Ya tendrÃan que haber aparecido esas chicas.
Anthony esperó a que terminara la frase conteniendo el aliento.
—… pero por otra parte —su sonrisa fue haciéndose más amplia— ya se sabe cómo son las mujeres.