Hermosos y malditos
Hermosos y malditos A los dieciocho años anunciaba un espectáculo de barraca de feria; después pasó a ser el gerente del espectáculo y, poco más tarde, el propietario de un teatro de vodevil de segunda categorÃa. Justo en la época en que el cinematógrafo habÃa dejado de ser una curiosidad para convertirse en una prometedora industria, Bloeckman era un ambicioso joven de veintiséis años con algo de dinero para invertir, acusadas ambiciones financieras y un buen conocimiento práctico del negocio del espectáculo a nivel popular. De aquello hacÃa ya nueve años. La industria cinematográfica le habÃa alzado con ella mientras se deshacÃa de docenas de hombres con más habilidad financiera, más imaginación e ideas más prácticas… y ahora estaba allà sentado y contemplaba a la inmortal Gloria, por quien el joven Stuart Holcome habÃa ido de Nueva York a Pasadena… la contemplaba y sabÃa que al cabo de un momento dejarÃa de bailar y vendrÃa a sentarse a su izquierda.
Confiaba en que se diera prisa. Las ostras llevaban varios minutos esperándolos.