Hermosos y malditos
Hermosos y malditos —¿Acaso los sacerdotes tienen que aprobar al Papa?
—No lo sé… pero es probable que ese haya sido el piropo más dudoso que me han dedicado nunca.
—Quizá sea capaz de obsequiarte con unos cuantos más normales.
—Bueno, no me gustarÃa que tuvieras que violentarte. ¡Mira a Muriel! Aquà mismo, junto a nosotros.
Anthony miró por encima del hombro. Muriel apoyaba una brillante mejilla sobre la solapa del esmoquin de Maury Noble y su empolvado brazo izquierdo estaba al parecer enroscado alrededor de su cabeza. Uno se veÃa obligado a preguntarse por qué Muriel no conseguÃa sujetarle el cogote con la mano. Los ojos de la muchacha, vueltos hacia el techo, giraban arriba y abajo; sus caderas se balanceaban, y al bailar se acompañaba cantando ininterrumpidamente en voz baja. Al principio las palabras parecÃan ser la traducción de la letra a algún idioma extranjero, pero finalmente sus frases se revelaron como un intento de rellenar los compases de la canción con las únicas palabras que Muriel conocÃa, las palabras del tÃtulo.
He’s a rag-picker, A rag-picker A rag-time picking man, Rag picking, picking, pick, pick Rag pick, pick, pick.