Hermosos y malditos
Hermosos y malditos Las cuatro: sus piececitos moviéndose al compás de la melodÃa, su rostro, nÃtido entre la multitud, y su pareja tan feliz como un perrillo mimado y tan fuera de sà como un loco de atar… Luego… descenderÃa la noche y quizá con ella la humedad. Los anuncios luminosos derramarÃan su resplandor sobre la calle. ¿Quién podrÃa decirlo? No más prudentes que él, quizá trataran de volver a captar aquella imagen de crema y sombra que ellos habÃan visto la noche anterior sobre la avenida en silencio. Y quizá lo consiguieran… ¡quizá lo consiguieran! Un millar de taxis bostezarÃa en mil esquinas, y solo él habÃa gastado y perdido aquel beso para siempre. Bajo mil disfraces distintos Thais llamarÃa a un taxi y alzarÃa el rostro para ser amada. Y su palidez serÃa virginal y llena de encanto, y su beso casto como la luna…
Anthony se puso en pie muy excitado. ¡Cuán impropio que Gloria hubiese salido! Por fin se habÃa dado cuenta de lo que querÃa: besarla de nuevo, hallar descanso en su gran inmovilidad. Gloria era el fin de toda inquietud, de todo descontento.