Hermosos y malditos
Hermosos y malditos Anthony se vistió, salió a la calle — cosa que tendrÃa que haber hecho mucho antes— y se dirigió al alojamiento de Richard Caramel para escuchar la última revisión del último capÃtulo de El amante demonÃaco. A Gloria no volvió a llamarla hasta las seis. No la encontró en casa hasta las ocho y —¡oh, culminación de todos los desengaños!— no pudieron concertar una cita hasta la tarde del martes. Un trozo de gutapercha rebotó contra el suelo cuando Anthony colgó el teléfono con gran violencia.
El martes el frÃo era intensÃsimo, y a las dos de la tarde, cuando Anthony se presentó en el Plaza, el mundo seguÃa teniendo el mismo aspecto sombrÃo. Mientras Gloria le daba la mano el joven Patch se preguntó desconcertado si la habÃa besado alguna vez; era casi increÃble… Anthony tuvo serias dudas de que ella lo recordara.
—Te llamé cuatro veces el domingo — le dijo.
—¿S�
