Hermosos y malditos
Hermosos y malditos —¿Es que eso te preocupa? Bien, si quieres investigar este trascendental asunto en toda su profundidad, tendré que informarte de que no dijo nada acerca de ti. Lo único que sucede es que yo sé que es asÃ.
—No me preo…
—¡Por favor, vamos a dejarlo! —exclamó ella con voz enérgica—. Es una cuestión que no me interesa en absoluto.
Con un tremendo esfuerzo Anthony manifestó su asentimiento cambiando de tema, y los dos se dejaron arrastrar a un viejo juego de preguntas y respuestas acerca de sus respectivos pasados, entusiasmándose gradualmente a medida que descubrÃan los antiquÃsimos, inmemoriales parecidos en gustos e ideas. Ambos dijeron cosas que eran más reveladoras de lo que querÃan… pero los dos fingieron dar por buenas las palabras del otro.