Hermosos y malditos
Hermosos y malditos Asà es como se va forjando la intimidad. Uno entrega primero su mejor retrato, un producto resplandeciente y muy bien acabado, retocado con fanfarronadas, falsedades y sentido del humor. Luego se necesitan más detalles y entonces se pinta un segundo retrato, y luego un tercero… antes de que pase mucho tiempo los mejores rasgos han desaparecido, y finalmente se revela el secreto; los diferentes niveles de los sucesivos retratos se mezclan y nos delatan, y aunque seguimos pintando y pintando ya no conseguimos vender la mercancÃa. Tenemos que darnos por satisfechos con la esperanza de que nuestras mujeres, nuestros hijos y nuestros socios acepten como buenas esas fatuas descripciones que les hacemos de nosotros mismos.
—A mà me parece —estaba diciendo Anthony con mucha seriedad— que la situación de un hombre que carece de necesidades y de ambición es desafortunada. Dios sabe bien que, en mi caso, serÃa patético sentir compasión dé mà mismo… y, sin embargo, a veces envidio a Dick. El silencio de Gloria le dio ánimos. Era lo más cerca que habÃa estado nunca de presentarle un cebo intencionadamente.