Hermosos y malditos
Hermosos y malditos —… solÃa haber ocupaciones dignas para un caballero con tiempo libre, cosas un poco más constructivas que llenar de humo el paisaje o hacer juegos malabares con el dinero de otro. Existe la ciencia, desde luego: a veces me gustarÃa tener una base más seria, haber ido, por ejemplo, al Instituto Tecnológico de Boston. Pero ahora eso significarÃa que tendrÃa que sentarme y pasarme dos años peleándome con los fundamentos de la fÃsica y de la quÃmica.
Gloria bostezó.
—Ya te he dicho que no sé lo que nadie tendrÃa que hacer —dijo de manera muy poco amable, y ante su indiferencia el rencor de Anthony nació de nuevo.
—¿Es que no te interesa nada a excepción de ti misma?
—No mucho.
Anthony la miró muy enojado; el creciente placer que habÃa hallado en la conversación quedó hecho añicos. Gloria se habÃa mostrado irritable y vengativa durante todo el dÃa, y le pareció que bastaba aquel momento para hacerle odiar su inflexible egoÃsmo. Volviendo la vista se puso a contemplar el fuego de muy mal humor.