Hermosos y malditos
Hermosos y malditos Se sentó en el lado más alejado del sofá mirando directamente hacia delante, fruncido el entrecejo. Anthony se dejó caer delante de ella y colocó sus manos sobre las de Gloria, encontrándolas sin vida.
—¡Gloria! ¿Qué sucede? —Anthony inició un movimiento como para rodearla con el brazo pero ella se apartó.
—Eso no lo quiero —repitió.
—Lo siento mucho —dijo él, con un dejo de impaciencia—. Ignoraba que hicieses unas distinciones tan sutiles.
Ella no respondió.
—¿No vas a besarme, Gloria?
—No quiero hacerlo. —A Anthony le pareció que llevaba horas sin moverse.
—Un cambio repentino, ¿no es cierto?
—Su voz manifestaba por momentos un creciente malhumor.
—¿De verdad? —Las palabras de Anthony no parecían interesarle. Era casi como si estuviera mirando a otra persona.
—Quizá sea mejor que me vaya.
Gloria no respondió. Anthony se puso en pie y la contempló enfadado, dubitativo. Luego volvió a sentarse.
—Gloria, ¿no vas a besarme?