Hermosos y malditos
Hermosos y malditos —Gloria Gilbert.
—¿Una chica de Nueva York? ¿La conocÃas de antes?
—Procede del Medio Oeste.
—¿A qué se dedica su padre?
—Trabaja en una corporación o trust del celuloide; una cosa asÃ. La familia es de Kansas City.
—¿Iréis allà a casaros?
—No, no. Pensábamos casarnos en Nueva York, de la manera más sencilla posible.
—¿Os gustarÃa casaros aquÃ?
Anthony vaciló. Para él aquella sugerencia no presentaba ningún atractivo, pero sin duda era un rasgo de prudencia dar al anciano, dentro de lo posible, un interés personal en su vida de casado. Además, el joven Patch se sentÃa un tanto conmovido.
—Es muy amable por tu parte, abuelo, pero ¿no producirÃa demasiadas molestias?
—Todo produce muchas molestias. Tu padre se casó aquÃ… aunque en la antigua casa.
—Yo creÃa que se habÃa casado en Boston.
Adam Patch meditó unos instantes.
—Tienes razón. Se casó en Boston.
Anthony se sintió avergonzado por haber hecho aquella corrección al anciano e intentó disimularlo con palabras.