Hermosos y malditos
Hermosos y malditos El idilio pasó, llevándose consigo un fragmento de juventud. Llegó el día en que Gloria descubrió que los demás hombres ya no la aburrían, y en que Anthony se dio cuenta de que podía quedarse hasta altas horas de la noche hablando con Dick de aquellas tremendas abstracciones que en otro tiempo llenaban su mundo. Pero, sabiendo que habían poseído lo mejor del amor, se aferraban a lo que quedaba. El amor subsistía: mediante largas conversaciones nocturnas en esas horas desoladas en que la mente se aguza y los materiales tomados de los sueños se convierten en sustancia de la vida; mediante profundos e íntimos detalles de cariño que fueron desarrollados simultáneamente; gracias a reírse juntos de las mismas cosas y de pensar, también unidos, que algunas cosas eran ejemplos de noble desprendimiento y otras solo inspiraban tristeza.