Hermosos y malditos
Hermosos y malditos —¿Cómo se les ha ocurrido venir a Marietta? —preguntó el corredor de fincas con una actitud inquisitiva que era prima hermana de la desconfianza, mientras les enseñaba cuatro espaciosos y bien ventilados dormitorios.
—Hemos tenido un accidente —explicó Gloria—. Pasé con el coche por encima de una boca de incendios y tuvieron que remolcarnos hasta el garaje. Fue entonces cuando vimos el letrero de su agencia.
El corredor hizo un gesto de asentimiento con la cabeza, incapaz de entender aquel arranque de espontaneidad. HabÃa algo sutilmente inmoral en hacer cualquier cosa sin varios meses de reflexión.