Hermosos y malditos
Hermosos y malditos —No lo sé. Nunca me parece que jueguen limpio… nunca, nunca. Excepto unas pocas. Constance Shaw, ya sabes, la mistress Merrian que vino a vernos el martes pasado, es casi la única. ¡Es tan alta y tiene un aire tan sincero y majestuoso!
—No me gustan las chicas tan altas.
Fueron a varias cenas con baile en diferentes clubes de campo, pero decidieron que el otoño estaba demasiado próximo para «salir» de manera sistemática, aunque realmente les hubiese apetecido. A Anthony no le gustaba nada el golf, a Gloria solo a medias, y si bien disfrutó con las atenciones que algunos estudiantes le dedicaron una noche y le agradó que Anthony se sintiera orgulloso de su belleza, también advirtió que la anfitriona de aquella velada, una tal mistress Granby, se disgustó hasta cierto punto porque el compañero de promoción de Anthony, Alec Granby, también la hacÃa objeto de sus atenciones. Los Granby no volvieron a telefonearles, y aunque Gloria fingió no darle importancia, le molestó, y no poco.