Hermosos y malditos
Hermosos y malditos —Os hace falta un fonógrafo aquà en el campo —dijo—; un Vic pequeño: no cuestan demasiado. AsÃ, cuando os sintierais melancólicos, tendrÃais a Caruso y a Al Jolson en vuestra propia casa.
Casi consiguió volver loco a Anthony diciéndole que «era el primer hombre inteligente que habÃa conocido y que a ella le cansaba mucho la gente superficial». Anthony se preguntaba cómo era posible que alguien se enamorara de personas asÃ. Pero supuso que contemplándola con mirada apasionada quizá fuera posible verla como una criatura suave y prometedora.
Gloria, por su parte, exhibiendo sin rebozo su amor por Anthony, logró un estado de ronroneante satisfacción.
Finalmente, Richard Caramel pasó con ellos un locuaz fin de semana literario, muy penoso para Gloria. Dick habló con Anthony largo y tendido sobre sà mismo mientras ella dormÃa con infantil inocencia en el piso de arriba.
—Este éxito mÃo ha sido una cosa muy curiosa —dijo Dick——. Muy poco antes de que apareciese la novela estuve intentando, sin resultado, vender algunos relatos breves. Luego, después de publicarse el libro, he revisado un poco tres de ellos y los ha aceptado una de las revistas que no los quiso. Ya he escrito bastantes desde entonces; la editorial no me pagará el libro hasta el invierno.