Hermosos y malditos
Hermosos y malditos —¡Por favor! No me hables de ella. La escribió una joven que destilaba admiración por todos los poros. No se cansaba de repetir que mi obra tenÃa «fuerza», y creo que perdà un tanto la cabeza e hice muchas afirmaciones bastante extrañas. Aunque algunas cosas no estaban mal, ¿no crees?
—SÃ, es cierto; aquella parte sobre el autor prudente que escribÃa para los jóvenes de su generación, los crÃticos de la siguiente y los profesores de todas las generaciones futuras.
—Creo que en gran parte es cierto — admitió Richard Caramel con una débil sonrisa de complacencia—. Pero fue una equivocación decirlo para que lo publicaran.