Hermosos y malditos
Hermosos y malditos —Pero, quizá… —Merrian, su relato interrumpido, puso objeciones convencionales, mientras insidiosamente llenaba el vaso de su huésped con una cantidad de whisky que, a velocidad normal, hubiese tardado por lo menos diez minutos en beber. Pero ante el tono disgustado con que Gloria dijo «¡De verdad, tenemos que irnos!», Anthony se bebió el whisky de un trago, se puso en pie e hizo una florida reverencia a la anfitriona.
—Parece que «tenemos» que irnos — dijo de bastante malhumor.