Hermosos y malditos

Hermosos y malditos

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Anthony, comiendo un sándwich sin prisas, se apoyó contra el fregadero. Tana abrió y cerró la boca varias veces como si estuviera comprobando su capacidad de movimiento. Luego, se lanzó a hablar precipitadamente:

—Yo he estado pensando… máquina de escribir… tiene muchas, muchas, muchas cosas. Muchas, muchas, muchas.

—Muchas teclas. Ya entiendo.

—¡Sí… teclas! Muchas, muchas, muchas letras. Como a-b-c.

—Así es, efectivamente.

—Espere. Voy a decir. —Tana torció el rostro en un tremendo esfuerzo para expresarse—: Estado pensando… muchas palabras… terminan igual. Como n-d-o.

—No hay la menor duda. Un verdadero montón.

—Así que… hago… máquina de escribir… rápida. No tantas letras…

—Eso es una gran idea, Tana. Ahorrar tiempo. Te harás rico. Se aprieta una tecla y ya tienes el «ndo». Confío en que te salga bien.

Tana rio despectivamente.

—Espere. Voy a decir…

—¿Dónde está mistress Patch?

—Salió. Espere, voy a decir… —De nuevo torció la cara preparándose para la acción—. Mi máquina de escribir…

—¿Dónde ha ido?


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