Hermosos y malditos
Hermosos y malditos —Fabrico… aquÃ. —Tana señaló la multitud de cachivaches que tenÃa sobre la mesa.
—Me refiero a mistress Patch.
—Salió. —Tana lo tranquilizó—: Dijo estará de vuelta a las cinco.
—¿Ha ido al pueblo?
—No. Salió antes de comer. Fue con Mr. Bloeckman.
Anthony se sobresaltó.
—¿Salió con Mr. Bloeckman?
—Estará de vuelta a las cinco.
Sin añadir una palabra, Anthony abandonó la cocina seguido por los desconsolados «Voy a decir» de Tana. Asà que era aquella la idea de diversión que tenÃa Gloria. Apretó los puños; en muy pocos momentos consiguió alcanzar un tremendo grado de indignación. Se llegó hasta la puerta y miró fuera; no se veÃa ningún automóvil y por su reloj eran las cinco menos cuatro minutos. Con la energÃa que le proporcionaba su enfado, fue corriendo hacia el comienzo de la avenida: desde la curva de la carretera —a una milla de distanciano se veÃa ningún vehÃculo… excepto… pero no era más que el viejo automóvil de un granjero. Luego, preocupado por su dignidad, corrió de manera un tanto indecorosa en busca de la casa cuyo refugio acababa de abandonar.