Hermosos y malditos

Hermosos y malditos

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GLORIA. (Imitándolo despiadadamente) «Pero, Gloria…» Pues entérate de que ha sucedido con demasiada frecuencia este verano… con todas las mujeres bonitas que conoces. ¡Se está convirtiendo en una especie de hábito, y no estoy dispuesta a consentirlo! Si tú te diviertes, también puedo hacerlo yo. (Luego, como si acabara de ocurrírsele) Por cierto, ese tal Fred no será un segundo Joe Hull, ¿eh?

ANTHONY. ¡Cielos, no! Probablemente ha venido a pedirme que le saque dinero al abuelo para sus emigrantes.

Gloria se aleja de un Anthony muy deprimido y vuelve con sus invitados.

Cuando dan las nueve, estos últimos pueden dividirse en dos clases: los que han estado bebiendo con perseverancia y los que apenas han probado el alcohol o no lo han probado en absoluto. En el segundo grupo se encuentran los Barnes, Muriel y Frederick E. Paramore.

MURIEL. Me gustaría poder escribir. Tengo muchas ideas, pero nunca soy capaz de expresarlas con palabras.

DICK. El mismo Goliat ya dijo que entendía los sentimientos de David, pero que él no era capaz de expresarse. Los filisteos adoptaron inmediatamente su observación como divisa.

MURIEL. No me entero. La vejez debe de estar volviéndome estúpida.


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