Hermosos y malditos

Hermosos y malditos

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GLORIA. (Moviéndose entre los invitados con una espontaneidad de movimientos que la hacen parecer un ángel alborozado) Si alguien tiene hambre, hay pasteles de crema en la mesa del comedor.

MAURY. No soporto esas formas victorianas con que los fabrican.

MURIEL. (Sumamente divertida) Diría que estás borracho, Maury.

Su pecho sigue siendo un suelo que ofrece a los cascos de muchos sementales que pasan a su lado, con la esperanza de que sus herraduras hagan saltar al menos una chispa de pasión romántica en la oscuridad…

El matrimonio Barnes y Fred Paramore han estado conversando sobre algún tema edificante; tan edificante que Mr. Barnes lleva un rato intentando escabullirse hacia la zona de aire mucho más viciado que rodea el sofá central. En cuanto a Paramore, sería muy difícil decidir si su prolongada presencia en la casa gris obedece a razones de cortesía o de curiosidad, o si es que abriga el propósito de escribir un informe sociológico sobre la decadencia de la vida americana.

MAURY. Fred, creí que eras una persona muy tolerante.

PARAMORE. LO soy.

MURIEL. Yo también. Pienso que la religión de uno es igual de buena que las de los demás y todo eso.

PARAMORE. Todas las religiones tienen algo bueno.


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