Hermosos y malditos
Hermosos y malditos MURIEL. Yo soy católica, pero, como digo siempre, no trabajo mucho en ello.
PARAMORE. (Con un tremendo estallido de tolerancia) El catolicismo es una religión muy… muy poderosa.
MAURY. Bueno, un hombre con ideas tan amplias debería considerar la intensidad de sensaciones y de estímulos para el optimismo que contiene este cóctel.
PARAMORE. (Cogiendo el vaso con gesto más bien desafiante) Gracias, probaré… uno.
MAURY. ¿Uno? ¡Absurdo! Hemos reunido aquí la promoción de mil novecientos diez, y te niegas incluso a achisparte un poco. ¡Vamos, hombre!
Brindemos por el Rey Carlos,
Brindemos por el Rey Carlos,
Trae la copa de que te ufanas…
Paramore canta también con voz potente.
MAURY. Vuelve a llenarte el vaso, Frederick. Ya sabes que todo se subordina a los propósitos de la naturaleza con nosotros, y en tu caso su intención es hacer de ti el más ruidoso de los borrachines.
PARAMORE. Si una persona bebe como un caballero…
MAURY. ¿Qué es un caballero, en cualquier caso?
ANTHONY. Un hombre que nunca lleva alfileres en las solapas de la chaqueta.
MAURY. ¡Qué absurdo! La categoría social queda determinada por la cantidad de pan que se come en los sándwiches.