Hermosos y malditos
Hermosos y malditos —Eso es lo que dicen —insistió Muriel, testarudamente.
Anthony empezó a pasearse por la habitación.
—¡Es absurdo! —declaró—. Las mismas personas que invitamos a nuestras fiestas van por ahà contando la historia a gritos como si fuera un chiste estupendo… y finalmente vuelve a nosotros en formas como esta.
Gloria recogió con el dedo un bucle rojizo que se le habÃa salido de su sitio. Muriel pasó la lengua por el velo que llevaba mientras decidÃa cuál iba a ser su próximo comentario.
—Tenéis que tener un hijo.
Gloria alzó unos ojos llenos de cansancio.
—No podemos permitÃrnoslo.
—Todas las personas que viven en los suburbios los tienen —dijo Muriel triunfalmente.