Hermosos y malditos
Hermosos y malditos —Entonces estarás en la misma situación que ahora. En cierta manera, ya nos hemos divertido, ya hemos armado suficiente alboroto, y ahora estamos pagando por ello.
Sin embargo, el dinero seguÃa desapareciendo. Después de dos dÃas de jolgorio venÃan otros dos de acrimonia… un cÃrculo cerrado que apenas admitÃa variaciones. Los repentinos frenazos, cuando se producÃan, daban como resultado habitual un estallido de laboriosidad por parte de Anthony, mientras Gloria, nerviosa y aburrida, se quedaba en la cama o se mordÃa las uñas distraÃdamente. Después de un dÃa o poco más en esta situación, se volvÃan a citar con unos amigos, y luego… ¿qué más daba? ¡Aquella noche, aquel calor interior, la desaparición de la ansiedad y el convencimiento de que si el vivir no tenÃa sentido era, al menos, esencialmente romántico! El vino daba una especie de gallardÃa a su propio fracaso.
Mientras tanto el pleito progresaba lentamente, con interminables interrogatorios de los testigos y clasificación de pruebas. Los trámites previos para fijar el patrimonio ya habÃan concluido. Mr. Haight no veÃa razón para que la causa no llegara a juicio antes del verano.