Hermosos y malditos
Hermosos y malditos Bloeckman apareció por Nueva York a finales de marzo; habÃa pasado casi un año en Inglaterra por asuntos relacionados con Films Par Excellence. TodavÃa continuaba en marcha su proceso de refinamiento en todos los órdenes: vestÃa un poco mejor, su entonación era más suave y sus modales ponÃan con toda claridad de manifiesto que las cosas más hermosas del mundo eran suyas por derecho natural e inalienable. Se presentó en el apartamento y les hizo una visita de una hora, en la que habló sobre todo acerca de la guerra; luego se marchó diciendo que volverÃa. Anthony no estaba en casa cuando fue a visitarlos por segunda vez, pero una Gloria excitada y embelesada al mismo tiempo recibió a su marido a última hora de la tarde.
—Anthony —empezó inmediatamente—, ¿seguirÃas oponiéndote a que me dedicara al cine?
Todo el ser de Anthony reaccionó contra la idea. Al imaginarla lejos de él, aunque se tratara tan solo de una posibilidad, la presencia de Gloria se convirtió de nuevo no ya en algo muy apreciado, sino desesperadamente necesario.
—¡Gloria, por favor…!
—Blockhead ha dicho que conseguirÃa meterme… pero que si quiero hacer algo tengo que empezar ahora. Solo quieren chicas jóvenes. ¡Piensa en el dinero, Anthony!
—Para ti… sÃ. Pero ¿y yo?