Hermosos y malditos
Hermosos y malditos —¿No sabes que todo lo que yo tenga también será tuyo?
—¡Es una profesión infernal! —estalló el Anthony infinitamente circunspecto, defensor de la moral—, y la gente que trabaja en ella todavÃa peor. Y estoy más que cansado de que ese tal Bloeckman venga aquà a meterse donde no lo llaman. Aborrezco todo lo que tenga que ver con el teatro.
—¡Esto no es teatro! Es otra cosa completamente distinta.
—¿Y qué se supone que tendré que hacer yo? ¿Ir persiguiéndote por todo el paÃs? ¿Vivir de tu dinero?
—Si no te gusta, gánalo tú mismo.
La conversación degeneró en una de sus peleas más violentas. Después de la consiguiente reconciliación y del inevitable perÃodo de inercia moral, Gloria comprendió que Anthony habÃa matado el proyecto. Ninguno de los dos mencionó jamás la posibilidad de que la propuesta de Bloeckman no fuera en absoluto desinteresada, pero los dos sabÃan que se hallaba detrás de las objeciones de Anthony.