Hermosos y malditos
Hermosos y malditos En abril Estados Unidos declaró la guerra a Alemania. Wilson y su gabinete —un gabinete que por su vulgaridad recordaba curiosamente a los doce apóstoles— soltaron los artificialmente hambrientos perros de la guerra, y la prensa empezó a gritar histéricamente contra la siniestra moral, la siniestra filosofÃa y la siniestra música producida por el temperamento teutónico. Los que se consideraban a sà mismos particularmente tolerantes hacÃan la sutil distinción de que era tan solo el gobierno alemán lo que provocaba su histeria; el resto se excitaba hasta lograr un estado de nauseabunda indecencia. Cualquier canción que incluyera la palabra «madre» y la palabra «káiser» tenÃa asegurado un éxito tremendo. Por fin todo el mundo tenÃa algo de que hablar, y casi todos disfrutaban muchÃsimo, como si les hubiesen repartido papeles en una obra de teatro lúgubre y romántica.