Hermosos y malditos
Hermosos y malditos —¡De acuerdo, muchachos, fumen si quieren! ¡Ha sido mÃa la equivocación! ¡Pueden fumar, no hay inconveniente! ¡Soy yo el que se ha equivocado!
En esta ocasión Anthony pudo verlo con más calma. Era delgado y joven, pero estaba prematuramente descolorido; todo él parecÃa, como su propio bigote, un reluciente montón de paja. TenÃa una barbilla algo débil que intentaba compensar con un ceño tan marcado como poco convincente, un ceño que Anthony relacionarÃa con los rostros de muchos jóvenes oficiales a lo largo de un año entero.