Hermosos y malditos
Hermosos y malditos Durante dos días y dos noches el tren siguió traqueteando en dirección sur, haciendo misteriosas e inexplicables paradas en parajes a todas luces desiertos para luego atravesar ciudades importantes con un pomposo aire de apresuramiento. Los caprichos de aquel tren presagiaban para Anthony las excentricidades de toda administración militar.
En los desiertos donde se detenían les llegaba desde el furgón de equipajes el rancho de alubias y tocino que al principio Anthony fue incapaz de comer; se alimentó frugalmente con algo de chocolate con leche distribuido por la cantina de un pueblo. Pero al segundo día, la producción del furgón de equipajes empezó a parecerle sorprendentemente apetitosa. En la mañana del tercer día se extendió el rumor de que antes de una hora llegarían a su destino, Camp Hooker.