Hermosos y malditos
Hermosos y malditos —¡Chisss! —susurró ella—, no podemos hacer ningún ruido. Madre está levantada leyendo Historias con chispa.
Como para confirmarlo, Anthony oyó dentro el débil crujido del papel al pasar alguien de página. Las ranuras de las contraventanas abiertas dejaban pasar barras horizontales de luz que creaban finas lÃneas paralelas sobre la falda de Dorothy. La calle estaba silenciosa con la excepción de un grupo en los escalones de la casa al otro lado de la calzada, que, de cuando en cuando, alzaban la voz en una suave canción humorÃstica.
… Cuando despiertes tendrás todas las lindas casitas…
Luego, como si hubiese estado esperando su llegada sobre algún tejado cercano, la sesgada luz de la luna atravesó de pronto las enredaderas e hizo que el rostro de la muchacha tuviera el color de las rosas blancas.
La memoria de Anthony se puso en marcha con inusitada fuerza, y ante sus ojos cerrados se formó la imagen —tan nÃtida como un flash-back sobre una pantalla, y surgida de cierta primaveral noche de deshielo, fuera del tiempo, en un semiolvidado invierno cinco años atrás— de otro rostro, radiante, parecido a una flor, vuelto hacia luces tan capaces de transformarlo como las mismas estrellas…